El síndrome de incomunicación Humana.

Julio César González Morales

Doctor en Ciencias Psicológicas

Una pareja discute acaloradamente. Ella ha aceptado una invitación de unos amigos a visitarlos el fin de semana. Él tenía planes de disfrutar la intimidad de un sábado y domingo juntos en casa. Había comentado con ella su deseo de compartir un tiempo juntos. Ella pensó que la mejor variante podría ser la de interactuar con sus amigos de los tiempos de estudiantes, valorando que esa decisión estaría en correspondencia con los deseos de él. Sin embargo, él duda acerca de los argumentos reales que le hicieron a ella tomar esa decisión unilateralmente.

Un trabajador recibe de su Jefe inmediato una evaluación de regular en el mes. Este hecho tiene gran importancia, le resulta decisivo para la obtención del correspondiente plus salarial en divisa. Él considera que su jefe no ha tenido en cuenta el esfuerzo considerable que exigió de él, la ausencia por enfermedad de otro compañero del equipo. Esto demandó un trabajo adicional que pudo haber afectado –involuntariamente- su desempeño en las tareas habituales. Sin embargo, él opta por quedarse callado.


Dos hermanas han dejado de hablarse después de una discusión que casi llega a la violencia física. Según lo acordado en otras conversaciones anteriores, una de ellas debería fregar la vajilla durante las comidas los días entre semana, pero en esta ocasión ella tenía un compromiso decisivo para su empleo futuro y faltó a su obligación. Ella pensó que su hermana comprendería la situación y la relevaría sin dificultades de su responsabilidad cotidiana. La otra que también tenía sus complicaciones, sacó sus propias conclusiones acerca de tal comportamiento y tampoco asumió la tarea, de modo que ambas se encuentran muy dolidas y se culpan mutuamente de incomprensión y falta de consideración.

Un joven, con la mejor intención de ayudar a su amigo que había tenido un problema y estaba -según él- equivocado, trató de demostrárselo, diciéndole en forma algo descompuesta que estaba actuando como un inmaduro e irresponsable. El amigo reaccionó a la crítica de manera violenta, ofendiendo al joven, mutilando así cualquier otra posibilidad de entendimiento.

Estas situaciones, son apenas algunos ejemplos de disfunciones que surgen cotidianamente en las relaciones entre las personas. Quizás hubiesen podido tener otro desenvolvimiento si sus protagonistas hubiesen adoptado posturas diferentes en sus interacciones.

Estoy convencido de que cualquiera de los lectores que comparte ese criterio, ha enfrentado y enfrenta cotidianamente infinidad de situaciones parecidas. Ellas son expresión de un mal general y poco comentado: El Síndrome de Incomunicación Humana (SIH).

El SIH tiene sus raíces en un modelo o paradigma de comunicación social discriminador, arraigado desde sus orígenes en formaciones sociales diferenciadoras e injustas, que se caracteriza fundamentalmente por:

Una concepción de la comunicación como transmisión de la información en un solo sentido.

Una división rígida de funciones comunicativas entre los actores, acuñados como “emisores” y “receptores”.

Unilateralidad en la argumentación, es decir, el intento de hacer prevalecer como válido un solo punto de vista, sobre el cual hay que convencer o vencer.

Predominio del movimiento vertical de lo Información, de arriba hacia abajo.

El paradigma se impone en todos los niveles de la estructura de la sociedad y se reproduce, por tanto, en la comunicación interpersonal y grupal, expresándose en el conjunto de síntomas que caracterizan al Síndrome.

Generalmente las personas portadoras de esta enfermedad, conciben lo comunicación como el proceso que les permite mostrar a los demás la brillantez y funcionalidad de sus ideas, consideradas como la expresión única de la verdad total u absoluta. En correspondencia, se asume una posición ante los interlocutores como de contendientes de un duelo en el que se precisa desarrollar todos sus recursos en pos de obtener la victoria. Es decir, convencer al otro de que él es el dueño absoluto de la razón. Paro ello no hace falta conocer y mucho menos comprender, el criterio del otro. Lo importante es que lo respeten a uno. Es posible que en algunos momentos del combate, precise de oir a su contrincante, pero sólo para valorar cómo van sus ataques, cuáles son sus puntos débiles y cómo puede contrarrestar mejor sus argumentos. Trátese de una conversación de trabajo, de pelota o de cualquier otro tema , no importa, lo que vale es ganar.

Alguien podrá pensar que estoy exagerando. Le invito a que analice el desenvolvimiento de las conversaciones que le rodean. Reflexione imparcialmente sobre el asunto y llegará de seguro a una conclusión:

Todos o -para no pecar de absolutos- la mayoría, estamos infectados con el SIH.

Esto por supuesto, nos ocasiona muchos malestares y problemas, pero como no existe una cura fácil para este mal seguimos padeciéndolo sin tomar ninguna decisión al respecto.

El tipo de conversación característico de las personas portadoras del virus es un monólogo disfuncional que impide el verdadero acoplamiento humano, dificulta el florecimiento de las relaciones y el desarrollo grupal, pone trabas a la solución conjunta de los problemas. Crea malestar e insatisfacción, reproduce dificultades y trabas en las relaciones.

No estoy afirmando que todos los problemas de relaciones humanas estén originados por dificultades en la comunicación. Existen muchísimos conflictos que se derivan de circunstancias sociales objetivas o subjetivas de diversa naturaleza: incompatibilidades de sentimientos; valores o principios; situaciones económicas, históricas o familiares; entre otras.

Pero incluso, muchos de ellos pudieran encontrarse agudizados o matizados por la presencia del Síndrome. Él se instala en todas las estructuras subjetivas de cualquier nivel del andamiaje social, se transmite a través de la palabra oral o escrita o cualquier otra variante de transmisión de ideas y es tan antiguo como lo propia sociedad.

Pudiera parecer paradójico para algunos, que su florecimiento se produzca en una época caracterizada, precisamente, por el auge de novísimas tecnologías de la información.

Soy del criterio que su esencia no está en lo sofisticado de los medios que se empleen en la comunicación, sino en su intención. El virus no se instala en los medios, sino en los propios actores humanos del proceso. No importa que el contacto sea cara a cara o a través de Internet. Sus características incomunicativas pudieran permanecer inalterables. Los síntomas aparecen asociados a los componentes subjetivos reguladores del Comportamiento Comunicativo que relacionamos a continuación:

3 Modelos mentales vigentes en la comunicación.

3 Competencias comunicativas.

3 Calidad de los criterios que sirven de base a la conversación.

3 Barreras subjetivas situacionales a la comunicación.

3 Modelos mentales vigentes en la comunicación:

Es común enfrentar la realidad desde una visión preestablecida y con frecuencia poco sometida a crítica. Estos son modelos mentales que pueden ayudar o entorpecer, en dependencia de su aparición en circunstancies particulares.

En el primer ejemplo, ella partió del supuesto de que lo mejor -y por lo tanto lo que él deseaba- era pasar el fin de semana con sus amigos.

El trabajador del segundo ejemplo reacciona emocionalmente ante la evaluación que le da su jefe, partiendo de que él está pensando que ha realizado un trabajo considerable.

La muchacha de la discusión estaba convencida de que su hermana, al conocer la importancia de su compromiso adoptaría de inmediato una actitud solidaria y fregaría la vajilla.

Todos ellos partieron de una idea preconcebida y actuaron en función de ella, sin intentar siquiera comprobar su veracidad, ya que esto estaba fuera de toda duda.

El joven del cuarto ejemplo fue mas lejos y calificó a su amigo de inmaduro e irresponsable.

Todos partieron de su unilateralidad mutilando la bilateralidad que exigía la situación. Todos pensaron: “yo tengo la razón, ¿cómo es posible que no me comprendan, si mi verdad es incuestionable?”.

Uno de los modelos mentales más nocivos, es el que sobrepone el valor del criterio personal por encima de todos los otros criterios que pueden existir o surgir.

Muchas personas atrapadas por el Síndrome, tienen la tendencia a asumir su comunicación desde ese modelo, subestimando de hecho las posibilidades de su contraparte.

Otro modelo mental provoca que las personas enfermas conciban la vida como una eterna confrontación en la que están obligados a demostrar sus destrezas y ganar siempre.

Estos son los eternos guerreros que convierten cualquier asunto en una batalla campal, sin concebir otra salida que no sea la de la victoria personal.


12 Responses to “El síndrome de incomunicación Humana.”

Leave a Reply